Molinos

Gigantes en Castilla

terça-feira, 3 de setembro de 2013

Limpieza de borradores parte VI

Bip. Bip. Bip.
Suena el despertador a las siete menos cinco de la mañana para que puedas arañarle un par de minutos más y quedarte sintiendo el calorcito del edredón que no volverás a sentir hasta dentro de, por lo menos, catorce horas.
Te pones a leer los apuntes de contabilidad que te faltaban. Sobre contabilidad de costes, de la que no tienes ni la más remota idea y el autor del texto que tienes delante tampoco te ayuda, para que nos vamos a engañar. En efecto (clin!), no estás entendiento más allá de las palabras que lees. Te frustras. Entonces decides revisar la traducción que tenías terminada del día anterior. Todo es un sinsentido, tampoco entiendes tu propia traducción.
Pitando para el CUVI, que ya son horas.
Acabe trabajando en una caja de ahorros.

sábado, 31 de agosto de 2013

Limpieza de borradores parte V

Después de muchas semanas, he vuelto a escribir. Este blog nunca había tenido una estructura definida, ni unos contenidos prediseñados; nunca sabías qué esperar de él. No es que esto vaya a cambiar ahora, pero puesto que el orden va llegando poco a poco a mi materia gris, debería empezar a llegar al resto de mi vida.

Nos hemos mudado a un pisito en el centro de la ciudad. Es agradable poder ir andando al trabajo en cinco minutos en cualquier ciudad, pero si ya hablamos de una ciudad con más de tres millones de habitantes y más de seiscientos kilómetros de ciudad interminable, se convierte en calidad de vida.
La mudanza ha sido una odisea que empezó el día en que España se clasificó para la final y que terminó el día después de haber ganado el mundial y después de un viaje a nuestro Ikea más cercano (que, en esta ciudad, puede estar a la vuelta de la esquina).
Acabamos odiando aquel piso. Oscuro en pleno centro neurálgico de protestas y políticos corruptos. Y al final ir andando al trabajo no era tanta calidad de vida. Las calles olían a orín y maldecía si colchoneros o meregues (fíjate lo que te digo) ganaban algo. La celebración era a 100 metros de maldita ventana.  

sexta-feira, 30 de agosto de 2013

Las canciones en tu cabeza


Es como tener una canción metida en la cabeza, ¿sabes?

Parapapaparapapa... no hay mejor lugar que entre las nubes de tu pelo...

Te metes en cama y seis horas después te levantas y lo único que quieres es escucharla para que tu cerebro se empape de las endorfinas que resultan de esta experiencia. Después de dos años con la misma canción metida en la cabeza, todavía puede darme un orgasmo mental, afortunadamente. Si no fuese así, quizás un manual de Cosmopolitan nos vendría bien.


quinta-feira, 29 de agosto de 2013

Limpieza de borradores parte IV

Última noticia: la ciudad de Madrid tiene final en la Comunidad de Madrid. No es, como yo sospechaba, una sucesión de espacios urbanizados hasta la ciudad más próxima (Toledo, Guadalajara, Segovia...) Entre la capital y el pueblo de Chinchón hay una gran extensión de terreno sin edificio alguno, más seco que la lengua de gato, también es cierto, pero bueno, algo es algo.
Una vez allí, el viajero cual Labordeta (hoy en día Imanol Arias y Juan Echanove) podrá deleitarse con los paisajes rurales, el castillo, la iglesia y la plaza mayor. Vamos, lo que viene siendo un pueblo castellano.
Eso era de lo más me agobiaba al vivir en Madrid. Que no tuviera fin. Que no tuviera río, ni mar, ni montaña ni ná. Resulta que sí tenía; y no estoy segura de que fuese tan malo. 

terça-feira, 27 de agosto de 2013

Limpieza de borradores parte III

Queridos Reyes Magos, 

este año he sido muy buena, me he portado muy bien y por eso me merezco un montón de cosas. Lo primero, dejé de fumar. Y no lo hice por la ley esta que convierte a los fumadores en parias al margen de la sociedad "limpia" y "verde" (que, por otro lado, se niega a utilizar transporte público o bicicleta o a dejar de imprimir miles de millones de papeles absurdos para sus informes pecesgordiles). Además, he empezado a nadar más o menos asiduamente. El otro día también ayudé a cruzar a una viejecita en la calle. Por eso, lo único que os pido es que me deis dos días de sol en Madrid para que pueda lavar y tender la ropa. Además quiero un millón de euros para poder dar la vuelta al mundo con mis amigos.
Atentamente y siempre vuestra, Tanya
Las pequeñas cosas. Eso me enseñaron hace tiempo que es de lo que se compone la vida. Y no te engañes, que no estoy hablando de Lennon. Al final, no puedes evitar pensar que adoramos a las personas equivocadas.
De vuelta a Madrid, todo son pequeñas cosas. Porque, si no lo fueran, me quedaría con la gran idea de que vivo en una ciudad con casi 4 millones de habitantes, que estoy sola y que tengo un montón de trámites que hacer que, obviamente y como siempre, son urgentes (aunque nunca sabré si realmente importanes). Además de ir a trabajar, de hacer cosas para clase y deberes para los niños.
Por eso una se acaba quedando con las pequeñas cosas. Disfrutando el teclear de los dedos, pensando en regalos para dar, en viajes para hacer, en cuentos que escribir.
Y ahí terminaron mis ideas. Por supuesto, no volví a la piscina, volví a fumar y rajo de las viejas. 

sábado, 24 de agosto de 2013

Viaje con nosotros...


Todos volvemos a casa algún día.

En escasos nueve días nos dio tiempo a ver Porto, Coimbra, Sintra, Belém, Graça, Oriente, Baixa, el Chiado, Bairro Alto (por la noche y de aquella manera), tres miradores, el siempre amable barrio de la Mouraria y hasta el Car Glass de Avenida de Roma. Los viajes siempre son accidentados, de una manera u otra.

Ejemplo 1 
Lisboa, julio de 2009
Encontrándose mi Citröen C3 negro estacionado en la vía Almirante Reis de Lisboa, la ventanilla del lado derecho sufrió un golpe seco quebrándose del vidrio y quedando el interior del vehículo a merced de los perpetradores. Ante la ausencia de objetos de valor que sustraer del mismo, los infractores se hicieron con un paquete con una ingente cantidad de chicles.
Esperemos al menos que les haya quedado el aliento fresco.

Ejemplo 2
Berlín, julio de 2008
20.00: La joven gallega aterriza en el aeropuerto de Berlin Schönefeld.
20.10: Encuentra el tren que la llevará a la majestuosa estación central de Berlín donde enlazará con un ferrocarril para Polonia.
20.30: Llega a la majestuosa estación central de Berlín donde nadie parece saber hablar inglés y, por lo tanto, nadie puede ayudarla.
20.40: Primera llamada a Basia, que se encuentra en Polonia esperando por nuestra heroína gallega.
Es posible que no llegue hoy, no encuentro el tren que tengo que coger...
20.45: Un
amable trabajador de la DB le indica que debe dirigirse a la estación este de Berlín para coger el tren.
20.50: De camino a la estación este, algo ocurre en las vías y el vagón se detiene. En este momento nuestra amiga gallega ya sabe que el tren que tiene que coger hacia el país vecino saldrá a las 21.30, no tiene tiempo que perder.
21.00: Sigue en medio de la nada. El vagón sigue parado. Segunda llamada a Basia.
¿Me puedes buscar un hostal o algo por Berlín...?
21.20: Ha llegado a la estación este, pero los mostradores ya están cerrados. Tercera llamada a Basia, cuyas directrices son clara y concisas
¡Métete en el tren, Tanya, métete y pon cara de pena, ya pagarás dentro, no te quedes en Berlín, métete en el tren!
21.25: El tren que la va a llevar a Poznan tiene dos partes. Una parte va a Varsovia y la otra a Kiev. Ambas partes se separan al cruzar la frontera, así que debe asegurarse de que el vagón en el que entra no toma rumbo a Ucrania, porque ni siquiera tiene muy seguro donde está Ucrania.
21.26.12:
Is this wagon going to Kiev?
21.26.28:
Is this wagon going to Kiev?
21.26.50:
Is this wagon going to Kiev?
21.27. 06:
Is this wagon going to Kiev?
21.30: El tren parte con puntualidad alemana. Después de preguntar a cuatro miembros del personal para cerciorarse de que, efectivamente, el tren no se dirige a Ucrania, llega el momento de pagar. No sabe a quién ni cuánto y el hecho de que los empleados que pululan por los pasillos del tren sólo hablen polaco, alemán o ruso no ayuda.
21.40: Nuestra amiga viguesa vislumbra una cabellera morena y una voz hablando en un alemán (?) con marcado acento latino. ¡Eres español! De Castellón, sí...
Media hora más tarde Tanya tiene un billete para Poznan por el módico precio de 50€ y tres más tarde llega a su destino, donde le esperan dos botellas de cerveza.

Ejemplo 3
 Poznan-Berlín, Febrero 2008
¿Te acuerdas de la primera vez que viajamos a Berlín, Andreíta?
Habíamos hecho un viaje a Polonia y el alemán y tú habíais vuelto un par de días antes. Luego tenía que aparecer yo y vosotros que esperarme en aquella estación de trenes gigantesca. Recuerdo que pensé a ver si no me pierdo en esta estación tan grande.
En Polonia el tren ya traía tres horas de retraso, así que el que supuestamente debería haber cogido a las ocho lo acabé cogiendo a las once... de la noche. Como no sabía alemán, no entendí lo que decían por los altavoces. Por los altavoces decían que el tren no iba a llegar a la estación central de Berlín, sino a otra, en un lugar apartado y tenebroso. Y así fue. A las dos de la mañana me apeé en una estación que bien podía Villajoyosa con la única compañía de un caballero polaco y el revisor; este último, muy poco dispuesto, abandonó la estación en su coche en cuanto pudo.
Sin dinero en efectivo, las tarjetas no me funcionaban (o no tenía dinero en ellas tampoco, cosa bastante habitual), sin teléfono móvil y sin idea de polaco, debía comunicarme con aquel hombre solitario que esperaba por un taxi donde Cristo perdió el pañuelo.
Hola, soy Tanya, española... (esta es una de mis frases estrella en polaco) y antes de que pudiera empezare a intentarlo con el inglés y los gestos, el taxi apareció. Tuvimos suerte (tuve suerte) y el taxista hablaba alemán e inglés, mientras que mi salvador polaco hablaba polaco y alemán. Intepretación de enlace o relais aprendí más tarde que se llamaba eso. El bueno de... Michal pongamos, me dejó en una estación más o menos céntrica de Berlín y me pagó un billete de metro hasta el aeropuerto.
Una hora después, el alemán y tú llegasteis al final de vuestra gymkana por la ciudad en busca de la pequeña Tanya; me abrazasteis y me disteis de comer. Y esto no se lo contaremos a papá Recouso. 


sexta-feira, 23 de agosto de 2013

Limpieza de borradores parte II

Entré en la parada de metro en Ópera, después de una larga caminata por el nuevo paseo del Manzanares. Llegué exhausta, con ganas de un sitio donde sentarme y dejar que el traqueteo del vagón me llevase hasta Cuatro Caminos. Dejé caer mi cuerpo sobre un asiento, cogí el mp3, me coloqué los cascos y alcé la mirada.
Allí la vi.
Tenía el cabello amarillo huevo, con unas raíces oscuras, tan oscuras que podía adivinarse que llevaba meses sin pasar por la peluquería o similar. Una fina capa de sudor cubría su cara y engrasaba su media melena de aspecto pajoso y sucio. Se iba pisando las ojeras; el cansancio... o la vida, a saber. Vestía una minifalda rosa chicle, una camiseta ajustada verde y unas alpargatas blancas de tacón imposible para una servidora acostumbrada a la planicie de las zapatillas deportivas.
Sin duda, lo que más llamaba la atención de aquella mujer eran las innumerables varices que surcaban sus flacas piernas. Decenas de venitas tenían de azul y morado el blancor de su piel. 
Paré de mirar a aquella mujer un año y medio atrás. No recuerdo dónde se bajó, ni el color de sus ojos, a qué olía. La había olvidado y ya estaba a cientos de kilómetros de allí.

A mil kilómetros de allí.